lunes, 16 de octubre de 2017

Tamagotchis conservados en vinagre

Poema (o intento de...) escrito por encargo.
Desde hace rato que me viene interesando la temática de las soledades 2.0, de cómo la redes sociales sirven para que todos contemplen nuestra soledad.
Otro tema que me interesa es la eterna estera, esa infinita cinta de möbius.


                        Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz.
Milán Kundera - La insoportable levedad del ser


Tamagotchis conservados en vinagre

 

Fuimos los últimos de la serie
cuando la fábrica cerró
            y los gremios se quedaron
            con las indemnizaciones de los despidos

Hoy te encontré en Badoo
buscando a un Sim
            con ganas de enamorarse
o una aplicación
            con la que compatibilizar

Sentado en la esquina de una estrella
te espero
            (bordando tu nombre
            en unos escarpines de crochet)
para dar continuidad a nuestra especie
antes de que un paleontólogo
descubra nuestras carcasas
no-biodegradables.

domingo, 15 de octubre de 2017

20 Preguntas a los que escriben - Pablo Martínez Burkett

Sigo con mi manía de acosar a gente con talento (pa' ver si se me contagia) y hacerles mi cuestionario serializado. Hoy le toca a un escritor amigo: Pablo Martínez Burkett. Es de esa clase de escritores lúdicos, que a cada renglón le deja al lector pistas para jugar con la meta-literatura.
¡Mil gracias Pablo por tu siempre buena disposición!

PABLO MARTÍNEZ BURKETT nació en 1965 en Santa Fe (Argentina). Es abogado (Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe) y Magíster en Derecho Empresario (Universidad Austral, Buenos Aires). Tiene estudios de postgrado en la Universidad de Navarra (España), la Universidad Adolfo Ibáñez (Santiago de Chile) y la Louisiana State University (Estados Unidos). Enseña en la Universidad Austral. Es autor de los libros de relatos Forjador de penumbras (2011, 1º Premio Mundos en Tinieblas 2010), Los ojos de la divinidad (Muerde Muertos, 2013, Premiado por el Fondo Metropolitano de la Cultura, las Artes y las Ciencias) y su flamante Mondo cane (Muerde Muertos, 2016, con prólogo de Ricardo Acevedo Esplugas). Escribe para revistas del país y el extranjero, y ha participado en diez antologías. Ha escrito ensayos cervantinos para diversas universidades y las Jornadas Cervantinas Internacionales de Azul. Recibió premios en una docena de concursos literarios y forma parte del comité de redacción de Axxón. Algunas de sus narraciones han sido traducidas al inglés, francés, portugués, italiano y rumano. Dirige el blog El Eclipse de Gyllene Draken abocado a la literatura fantástica.



1- ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué hay primero? ¿Un lector que se transforma en escritor, o un escritor que se transforma en lector?
Creo firmemente que no hay escritura sin lectura. Un libro es un amasijo de letras esperando que un lector lo abra y resignifique lo escrito a partir de sus propias representaciones. Y viceversa, no hay lectura sin un escritor que logre encantar las palabras. En mi caso, primero está el lector incansable y luego, bien atrás, el escritor.

2- Describime tu escritorio a la hora de sentarte a escribir un texto.
Hay una expresión latina que se aplica perfectamente: multum in parvo cuya traducción académica sería algo así como “mucho en un espacio pequeño” pero que un reo de la cortada San Ignacio en Boedo traduciría como “un reverendo kilombo”: la notebook, el telefonito, columnas de libros en precario equilibrio, revistas, papeles, artículos de escritorio, en fin, un caos.

3- ¿Cuánto hay de tu pedacito de barrio en tu escritura?
Uno de mis postulados personales es conservar el asombro del universo, que es otra forma de decir: seguir mirando las cosas con ojos de niño. Si Tolstoi tenía razón con aquello de “Pinta tu aldea y pintarás el mundo” es probable que todo lo que escribo esté teñido de mi infancia y, por lo tanto, de mi barrio Candioti Sur, frente a la Cervecería Santa Fe, en mi ciudad natal de Santa Fe. Aunque de hecho no se nota.

4- Todos los escritores recomiendan tomar talleres. ¿Por qué hay que tomarlos?
Por varias razones. La primera y más obvia, para aprender. Tener una computadora no nos convierte en escritores. Subir aforismos divertidos a las redes sociales no nos convierte en escritores. En segundo lugar, para testear una composición con los compañeros. La lectura en voz alta y frente al público confiere una nueva dimensión a lo escrito y nos permite comprobar como respira el texto. Finalmente, para conocer gente y hacerse de amigos. También están los que van al taller de tal o cual porque de ahí salen todos los premios Vellocino de Oro o porque quien coordina el taller dirige la revista “Patas arriba” y te garantiza un canal de publicación. Todas las razones son válidas.

5- ¿Cuál es el mejor consejo que te han dado como escritor?
Menos es más.

6- ¿La mayor alegría literaria que has tenido?
Afortunadamente son muchas. Primero de todo, los amigos que la literatura me fue regalando. Claramente es la mayor alegría. También podría nombrar algún premio en concursos, como por ejemplo el Mundo en Tinieblas que significó la publicación de mi primer libro. Sería muy falso si no reconociera que cuando me empezaron a pagar por escribir también fue ocasión de una gran alegría (o en todo caso, una vindicación) Y no puedo dejar de mencionar alguna que otra vez cuando en un lugar inesperado (una estación de servicio en Villa Mercedes, una escalera mecánica en Buenos Aires) alguien te pregunta: usted es el escritor, ¿no? Ahí más vale que tengas la autoestima con la rienda corta porque si no, se te desboca.

7- ¿Qué escritor te robó una idea antes de que se te ocurriera?
Si todavía no se me ocurrió será una idea que navega en el mar de los arquetipos y entonces cualquiera puede aprovecharse de ella sin pagar royaties. Pero si ya se me ocurrió… me pasa bastante a menudo que en una película o peor aún, en hechos de la realidad se presenta una situación que parece calcada de alguno de mis relatos (tanto que con el escritor Lucas Berruezo jugamos a “denunciar” esos falsos latrocinios). Sin ir más lejos, la semana pasada vi por primera vez una película que tiene un momento muy similar a lo que pasa en una de mis novelas sin publicar. Lo grave es que la película es bien anterior a mi texto. ¿Quién me va a creer que no le hice, digamos, un homenaje?

8- ¿Qué se siente haber terminado un texto?
Una mescolanza de alivio, tristeza, duda, satisfacción, ausencia. A veces, orgullo. Otras, vergüenza.

9- ¿Qué debe tener un buen texto?
No lo sé. Hay una miríada de monos sabios que se ganan los garbanzos con recetas infalibles. Si tuviera que arriesgar, creo que empezaría por una sintaxis que, en nuestro caso, observe las socorridas reglas del castellano. Un pulso narrativo que se sostenga y por supuesto, una estructura balanceada entre la presentación, desarrollo, clímax y desenlace. Pero hay textos que observan estos requisitos y no son buenos. Y otros, que se saltean unos cuántos y, no obstante, son muy buenos. Así que no lo sé. Si tuviera que arriesgar una respuesta diría que la capacidad de interpelar al lector.

10- ¿Cómo es el lector ideal?
Umberto Eco postulaba la existencia de un lector modelo (que vendría a ser aquel que es capaz de darle sentido o contenido al texto propuesto). En este entendimiento, mi lector ideal sería aquel que fuera capaz de vibrar en la misma sintonía de lo que escribo. Sin embargo, personalmente, encuentro mucho más placer en las devoluciones que enfatizan cuestiones que jamás tuve en cuenta o precursores que nunca leí (o peor aún, que ni sospechaba de su existencia). Esa lectura es mucho más enriquecedora que la canónica del tándem escritor-lector ideal. Además, yo no quiero catequizar a nadie con mis ideas ni creo ser la voz autorizada para postular un sentido de lectura.

11- Un buen escritor… ¿se expone sin tapujos? ¿O logra evadirse totalmente?
No me parece que exponerse resulte un requisito necesario para ser buen escritor Tengo una educación prusiana por lo tanto la exposición de los sentimientos y, sobre todo, la vida privada, me causa un sagrado horror. De cualquier forma, no se me escapa que no son pocos los que escriben la historia de su vida apenas disimulada. No me queda claro si es un rito catártico o un atajo al narcicismo. Mi escritura está orientada al género fantástico, el llamado fantástico rioplatense y en particular, el terror y la ciencia ficción oscura por lo tanto es menos probable que me exponga. Pero igual, creo que es prácticamente imposible despojarse de uno mismo así que algo de exposición, aunque sea larvada, tiene que haber. Como dice Sabina: “Algunas veces vivo y otras veces, la vida se me va con lo que escribo”.

12- ¿Qué cosa está sobrevalorada en la literatura?
Hay una vieja (y no menos sórdida) guerra que privilegia al escritor de culto (que no lo lee ni la madre) por encima del escritor que vende millonadas de ejemplares. Me parece que se tiende a sobrevalorar al escritor de culto y a despreciar al otro, pero lo siento más como el tema de la zorra y las uvas. Pareciera que para ser buen escritor no hay que tener éxito. Y como no leo best-sellers y estoy lejos de ser un escritor de culto me siento libre de tirar la primera piedra. No sé para que escriben los demás, pero yo escribo para que me lean y la mayor cantidad de gente.

13- Si llegaran los extraterrestres… ¿Qué libro les regalarías como muestra del genio humano?
El Aleph o Ficciones de Borges. De hecho, alguna vez escribimos con Daniel Frini un relato a 4 manos sobre una situación análoga.

14- ¿Qué diferencia hay entre tu primer libro, y el texto en el que estés trabajando ahora?
Cuando uno empieza a escribir (no importa la edad concreta) tiende a farolear. Es una forma de decir: “acá estoy yo, mirá todo lo que sé, mirá que lindo que escribo”. Con el tiempo procuré desembarazarme de ese barroquismo inicial y lograr, como decía Borges: “… no la sencillez, que no es nada, sino la modesta y secreta complejidad”.

15- ¿Qué rostro tienen tus musas?
Mi trabajo consiste en provocar un extrañamiento de lo cotidiano. Y para provocar la torsión fantástica es necesario estar muy atento a lo que sucede en derredor así que puedo decir que mis musas tienen la cara de la vecina, el compañero de asiento en el transporte público, una nena con un globo en la plaza o alguien que va por la vereda de enfrente.

16- Al mejor estilo Frankenstein… armame un monstruo con partes de diferentes escritores.
La tentación que tengo de nombrar los ojos de Borges, la belleza de Kafka, la proporcionalidad de Lovecraft y así al infinito y más allá. Pero como se supone que soy un señor serio propongo el nominalismo filosófico de Borges y su capacidad para nombrar el universo. El dandismo de Bioy. La miserable tristeza de Poe. El horror cósmico de Lovecraft. El prolijo misterio de Walsh. La retorcida simpleza de Arlt. La pedagogía de Piglia. La imaginación de Verne. La urgida creatividad de Salgari. La misantropía de Schopenhauer. La locura postrera de Nietzsche. Pobre Frankenstein: lo estoy condenando al suicidio.

17- Un libro que todos recomienden y que no te haya gustado.
No me gustó Cien años de soledad. Y nunca pude terminar el Ulises de Joyce. Ajustícienme, me la banco.

18- ¿Cómo sería un mundo sin libros?
Si como quieren los hindúes, el mundo no es otra cosa que el sueño de una divinidad dormida; creo que no habría mundo sin esos pequeños sueños que despachamos en forma de libro.

19- Funda una nueva religión. A quiénes se adoraría. Cómo serían los rituales.
Nunca se me ocurrió. Pero puesto a imaginar sería una suerte de animismo, en contacto con la Naturaleza y los seres que la habitan. Casi un panteísmo spinoziano. Y si como enseñaba algún Padre de la Iglesia, “el alma limita con Dios” los ritos tendrían que propiciar una introspección que habilite el diálogo y la comunión con la divinidad limítrofe. También creo que adicionaría rituales de devolución y agradecimiento a la Madre Tierra y al Padre Universo por todo lo que nos da.

20- ¿Qué título tendría tu biografía póstuma?
Buenas noches, mariposas y difuntos.

Bonus Track: ¿Qué pusiste la primera vez que dedicaste un libro?
Asumo que la pregunta está referida a un libro mío. Igual no me acuerdo. Aunque tengo un par de yeites siempre trato de ser personal y evitar el lugar común. Y no pocas veces, agregar algún detalle de humor.


martes, 10 de octubre de 2017

20 Preguntas a los que escriben - Angie Pagnotta

Hacía rato que no actualizaba nada del blog. Me demoré y por la paciencia recibida (mentira, sé que nadie estuve pendiente de que actualizara el blog) en el cuestionario agregué una pregunta Bonus Track.
Y qué mejor manera de retomar que con una escritora amiga, un laburante incansable de las letras: Angie Pagnotta. ¿No me creés? Date una vueltita y te vas a dar cuenta que es una verdadera crack!
¡Mil gracias amiga por tu buena onda!


ANGIE PAGNOTTA: (Buenos Aires, Argentina) Es Escritora y Periodista. En 2012 fundó Revista Kundra: literatura aleatoria y el portal de Arte y Cultura, Baires Digital. Trabajó en contenidos de Redes Sociales y publicidad para programas de televisión como Duro de Domar, TVR, Fútbol para todos, 678 y portales como Diario Registrado, entre otros. Colabora en distintos medios digitales de Argentina como Cultura Registrada, Diario Femenino, Solo Tempestad, Revista Kunst, LEMBRA y trenINSOMNE. También es redactora en medios gráficos como Revista El Gran Otro y Revista Qu. En 2013 obtuvo una mención en Narrativa por su cuento “Alejandra”, otorgado por Guka, revista de la Biblioteca Nacional. Desde 2009 escribe en Motivar el relato, un blog personal donde la espontaneidad y las imágenes son los disparadores de textos, poesías, relatos, cuentos y fragmentos. Escribió Nada que no quieras, su primera novela que se encuentra en proceso de corrección y reescritura y Memoria de lo posible (2017, Peces de Ciudad) es su primer libro de cuentos. Algunos de sus relatos fueron publicados en Inventiva Social, Periódico Irreverentes (España), La Nota Digital y No Tan Cool. Su cuento “Versiones sobre  el río” fue traducido al portugués por Felipe Buenaventura para FRONTERA, un proyecto que une escritores latinoamericanos alrededor del mundo. Uno de sus cuentos forma parte de la Antología IV de otoño de Peces de Ciudad. Se desempeña como columnista literaria del programa de radio Cuentos Criollos con su columna ”Momento Kundra” donde recomienda autores y libros. Desde septiembre es editora de narrativa en Peces de Ciudad. Su cuento ”Arena en mis manos”, un relato inspirado en la figura de Gustavo Cerati, forma parte de la antología Literatura barata y discos de goma, un libro en homenaje al rock nacional.



  
1- ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué hay primero? ¿Un lector que se transforma en escritor, o un escritor que se transforma en lector?
La respuesta a esa pregunta es la fusión de las dos posibilidades. Creo que los que escribimos somos, ante todo, lectores ávidos, curiosos, inconformistas y fanáticos de literatura  que nos gusta. También creo que si cada uno de los que escribimos pensáramos en el contacto primigenio con la escritura, podríamos vernos a nosotros mismos atravesados por el acto de escribir, sin que eso sea un proceso consciente, definido o puntual. En mi caso en particular, la escritura siempre estuvo conmigo, desde pequeña. Llevaba un diario íntimo a todas partes y si me olvidaba, le pedía a mis padres que por favor me compren un anotador o cualquier cosa para escribir. Cuando volvíamos a casa pasaba todo lo anotado y ese alivio era hermoso. Luego vino la lectura, primero en inglés (gracias a mi abuela paterna que también era mi profesora de inglés y me había dicho que leer me iba a gustar) y luego en español y ahí entendí que además del cuaderno necesitaba llevar un libro conmigo fuera a donde fuera, y así sigue siendo: hay rituales que nos anteceden y con los años es imposible dejarlos atrás.

2- Describime tu escritorio a la hora de sentarte a escribir un texto.
Idealmente quiero todo despejado y en su lugar, pero eso no existe, más bien por el contrario mi escritorio es: notebook, cuaderno de notas, máquina de escribir, cuaderno de lecturas, pila de libros que vengo leyendo y utilizando, anotadores, corcho con notas, fichas con anotaciones, flores, mate, lapiceras de colores, resaltadores, pluma y lápiz negro. En ese caos me entiendo completamente.

3- ¿Cuánto hay de tu pedacito de barrio en tu escritura?
Desde que me mudé valoro aún más mi barrio, el barrio donde viví casi toda mi vida. Ahora vivo en Boedo desde hace tres años y no es por despreciar este barrio que lo digo (porque este es un barrio que me encanta y el barrio de mis padres y donde se conocieron y se casaron) pero para mí no hay como Caballito, toda mi vida está allí. En la novela que estoy escribiendo quería salir de la cosa de tener que localizarme en mi barrio pero lo tuve que cambiar porque, para evocar ciertas pasiones, ciertas sensaciones que vienen con caminar algunas calles, vivencias o emociones, el barrio es el barrio y, por más imaginación que haya, el amor al barrio es tan particular que no puede ponerse con otras palabras.

4- Todos los escritores recomiendan tomar talleres. ¿Por qué hay que tomarlos?
Porque los talleres te ayudan a localizar zonas de tu escritura que son débiles y pueden ser más fuertes, o te enseñan a no repetir tus flaquezas y a rescatar tu pasión y tu noción del camino en la construcción de la escritura. En la devolución también puede haber construcción y, además, el taller te da un orden y un tiempo concreto en el que vos te aseguras que estarás siguiendo un proceso que terminará en un cuento, un ensayo, una novela o lo que estés escribiendo. Pero, como en todo, dar con el lugar indicado es casi el truco principal de los talleres.

5- ¿Cuál es el mejor consejo que te han dado como escritor?
Uno fue un consejo y el otro fue un gesto que me valió tanto o más que un consejo. El consejo fue: ‘‘donde te duela, te incomode o te frenes, ahí es donde tenés que indagar, es ahí donde está tu escritura’’ y el gesto fue el acto de fé más grande que tuve en mi vida literaria: que uno de los escritores que más admiro me dijera ‘‘confío en vos y te voy a ayudar’’

6- ¿La mayor alegría literaria que has tenido?
La más grande de todas, sin dudas, fue la presentación de mi libro de cuentos, ‘‘Memoria de lo posible’’: no solo me sorprendió la cantidad de gente que se acercó y llenó el lugar, sino también que cada uno de los que estaban habían pasado por mi vida en circunstancias totalmente diferentes, pero con cada uno había un vinculo intacto, lo cual siempre es una alegría. Además de los conocidos y amigos, había completos extraños que fueron, compraron el libro y me felicitaron, eso también me conmovió muchísimo.

7- ¿Qué escritor te robó una idea antes de que se te ocurriera?
No sé el nombre, pero fue una idea de una película. Hace un tiempo le conté a mi novio, muy entusiasmada, que había tenido la revelación de un argumento de un cuento o novela donde a un personaje se le moría la mujer y él la reconstruía siendo una especie de androide/humana, con inteligencia artificial y con la voz de la mujer fallecida, con sus gestos y todos los detalles de la mujer real pero en forma de androide. Mi novio me dijo que salieron varias películas así, me listó ejemplos y ahora, por ejemplo, Juan Terranova está escribiendo algo así, donde hay una androide llamada María y sube fragmentos que leo en su Facebook y me encantan. Pero honestamente nadie me robó nada, yo llegué tarde: a mí en estas cosas el bondi me dejó tarde, se podría decir (risas).

8- ¿Qué se siente haber terminado un texto?
Placer, ansiedad y vacío. Quizás no todas juntas pero alguna de esas seguro. Al menos yo experimento casi siempre los tres estados aunque últimamente el del vacío se llena pronto porque por suerte ando con ideas, pero cuando no las hay, ese vacío es más grande. También ocurre que un texto nunca está terminado pero eso es otra obsesión, otra cosa y mucho más larga porque  en verdad llega un momento en que al texto —como a muchas otras cosas— hay que soltarlas, dejarlas y que hagan su propio camino, su propia historia.

9- ¿Qué debe tener un buen texto?
No creo que haya una fórmula y eso depende de si lo escribo o lo leo. Si lo escribo tiene que interesarme, si me deja de interesar o me aburro, se guarda y se va a la carpeta de los ‘’quizás’’. Pero sea como sea, tiene que tener alma, las cosas tienen que tener alma, fondo, pasión y amor. Si lo estoy leyendo me gustan los textos que me generan curiosidad y me van enroscando de a poco, hasta que estoy tan metida que no puedo soltar el libro. Últimamente me tientan los personajes que tienen algún atractivo especial, me gusta que haya elementos de distintos géneros y que la pretensión del texto esté en la forma y no en la historia o el tono del autor al venderlo, eso sobra.

10- ¿Cómo es el lector ideal?
No creo que exista el lector ideal pero para pensar en la respuesta, creo que lo es aquel que lee como si no existiera otra cosa en el mundo más que ese libro, en ese rato de lectura. El que te dice que no puede dejar de leerte o el que te dice que tuvo que tomarse su tiempo para procesar todo lo que le generó lo que escribiste. Mi lector ideal, supongo, es el que me deja jugar y acompañarlo en el rato que dura el libro.

11- Un buen escritor… ¿se expone sin tapujos? ¿O logra evadirse totalmente?
No sé bien cómo es ser un buen escritor, pero supongo que nadie logra evadirse totalmente de nada: ni de uno mismo, ni de lo que lo convierte en partícipe de la sociedad, ni de su barrio, ni de su historia, ni nada. Para mí, en esta pregunta una buena respuesta es la definición de Fogwill: «El arte literario no es usar las palabras justas, es demostrar que lo que uno hace —que lo que uno expuso— es lo que debía haberse expuesto».

12- ¿Qué cosa está sobrevalorada en la literatura?
Creo que varias. Noto una terrible confusión entre qué es un posteo de Facebook y qué es una novela, una poesía o un cuento. Entre qué es la construcción de un personaje de ficción y qué es nuestra propia vida. Quizás las redes sociales ayudan a esta confusión pero básicamente está sobrevalorado que la escritura puede ser cualquier cosa y aunque eso pueda ser parcialmente cierto, la escritura es —sobre todo (y a mi entender)— mucho trabajo, mucha dedicación, paciencia, lectura y pasión. Para mí no es literatura un poema que es solo  es la lista de compras del supermercado, por poner un ejemplo.

13- Si llegaran los extraterrestres… ¿Qué libro les regalarías como muestra del genio humano?
La metamorfosis de Kafka es una buena forma de pintarlo.

14- ¿Qué diferencia hay entre tu primer libro, y el texto en el que estés trabajando ahora?
Varios golpes de horno, que dejé de fumar y que leí varios libros más. Pero principalmente que se aclaró mi mente sobre lo que quería escribir y eso estoy haciendo. Sobrevolando la ola de los momentos difíciles y construyendo, palabra a palabra, la novela que quiero.

15- ¿Qué rostro tienen tus musas?
Construyo musas por recuerdo, casi un 99% de las veces. Mis creaciones masculinas tienen que ver con hombres con los que estuve en distintas situaciones de mi vida: desde el amor, el deseo, la admiración, las ganas, lo que no fue, o mi historia en particular, no importa: todos esos hombres que vi o formaron parte de mi vida son mis creaciones masculinas y están vivos en mi literatura. Evoco al pasado en este sentido porque, así como el barrio, hay pasiones que no se pueden imaginar más que recordando. En cuanto a las musas femeninas armo Frankenstein de amigas, conocidas, famosas o incluso de mí misma y me incluyo algunas veces. Con las mujeres es más fácil porque desde mi lado puedo jugar con todas las mujeres que conviven adentro mío y también soy.

16- Al mejor estilo Frankenstein… armame un monstruo con partes de diferentes escritores.
La sensibilidad de Lispector, La voracidad y la ferocidad de Ramos, la contundencia de Cheever, el humor de Allen, la pasión de Pizarnik, la elocuencia de Bolaño, el rock de Bukowski y las digresiones de Fogwill.

17- Un libro que todos recomienden y que no te haya gustado.
Quizás me gane odios con esto pero antes de decir cuál es, en mi defensa diré que no lo pude terminar, que llegué a más de la mitad y no se me cayó la ficha del libro. Entonces me di cuenta de que a lo mejor, no es el libro sino el momento en el que me puse a leerlo. A veces pasa, a veces es solo el momento, no tanto el gusto o el libro. Me pasa con Pizarnik: la amo pero hay momentos en los que es un no rotundo. Sin más preámbulos lo digo, pero no me odien (?) Black out de Maria Moreno.

18- ¿Cómo sería un mundo sin libros?
Insulso, triste, aburrido.

19- Funda una nueva religión. A quiénes se adoraría. Cómo serían los rituales.
Sería una religión de apasionados. No me gusta la gente que no siente a fondo las cosas, que no se arriesga, que se mantiene cómoda, segura, limpita. Me gusta la gente que se compromete, que cree en algo y lo persigue. Me gustan los que van al fondo de los deseos o de lo que los moviliza. Creo mucho en eso, así que tranquilamente podría fundar una religión de apasionados. Adoraríamos a los apasionados extremistas, los que se la jugaron, los que fueron persistentes y lograron sus objetivos. Los rituales incluirían vino, whisky, mate, lujurias varias y cosas saladas, claro.

20- ¿Qué título tendría tu biografía póstuma?
La hacedora imparable, como me definió hace poco una editora amiga.

Bonus Track - ¿Qué pusiste la primera vez que dedicaste un libro?
Me impresionó tanto el acto en sí que puse una dedicatoria enorme de agradecimiento por haber comprado el libro y por haberse interesado en leerlo y en lo que escribo. Por poco me faltó ponerle mi tipo de sangre y mi declaración fiscal con formularios de la AFIP (risas). Pero cada vez que dediqué un libro me alejé del ‘’Con cariño, Angie’’ porque me parece mucho mejor pensar la dedicatoria para la persona que, en serio, se molestó en comprar el libro y querer leerlo. Eso vale demasiado.


domingo, 20 de agosto de 2017

20 Preguntas a los que escriben - Juan Guinot

En el día del niño (juro que es casualidad), responde las 20 preguntas un tipo súper talentoso, quien además de haber escrito para los tres públicos etarios, usa las mejores remeras del mundo: Juan Guinot.
¡Gracias tocayo por tu siempre buena onda!

Juan Guinot nació en Mercedes en 1969. Se Licenció en Administración, Psicología Social, Master en Dirección de Empresas. Trabajó cinco años en el Estado. Como escritor se formó con Laiseca y Tantanián. Su novela 2022 La Guerra del Gallo (Talentura, España) fue finalista del premio Celsius Semana Negra de Gijón 2012 y también adaptada y presentada en teatro en Buenos Aires. En 2014 se publicó su novela Misión Kenobi (Expo-Argentina) y Descenso Brusco (Cazador de ratas-España). En 2015 el Ministerio de Cultura publicó su libro de cuentos infantiles Dos al vuelo y ganó el Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil con la novela Chacharramendi. Este año se publicará Misión Kenobi en Bolivia (Otero Ediciones). Recibió distinciones literarias en Argentina, España y Cuba. Relatos de su autoría fueron publicaron en libros y revistas de España, Argentina, Brasil, Francia, Bolivia, Puerto Rico, México y Cuba. La Asociación Española de Ciencia Ficción eligió su cuento Tripas Reduction entre los 12 mejores 2011. Espera por un mundo más sano, que se deje crecer a cada uno según sus motivaciones y preferencias, y que se le aparezca un ovni o un alienígena.Su sitio es: juanguinot.blogspot.com.ar



1- ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué hay primero? ¿Un lector que se transforma en escritor, o un escritor que se transforma en lector? 
Escribí ficción antes de saber escribir. Inventaba historias con dibujos y en los juegos con soldaditos, autos, aviones y con piedras/recortes de madera/ramas mutados al objeto que decía que era.

2- Describime tu escritorio a la hora de sentarte a escribir un texto.
A la hora de escribir solo está la computadora y algún papel con apuntes.

3- ¿Cuánto hay de tu pedacito de barrio en tu escritura?
Los recuerdos de mi infancia siempre están presentes y me traen el clima de mi pueblo para sacar de ahí mucho de lo que evoco en mi escritura.

4- Todos los escritores recomiendan tomar talleres. ¿Por qué hay que tomarlos?
A mí me ayudó muchísimo ir al taller de Alberto Laiseca. Llegé a Lai por Fogwill. Fog me dijo: andá ahí porque Laiseca es un maestro y, además, vas a conocer un pendejo o una pendeja que va a leer algo que te va cambiar la forma de escribir. Fog la pegó, la tenía muy clara.
A eso sumo que los talleres son buenos si los maestros saber armar un campo creativo grupal y no hacen de sus alumnos copias de sí mismo.

5- ¿Cuál es el mejor consejo que te han dado como escritor?
Lai siempre decía: leer, escribir y vivir mucho.

6- ¿La mayor alegría literaria que has tenido?
Cuando publicaron mi primera novela. Lo hizo Talentura de Madrid: La guerra del gallo.

7- ¿Qué escritor te robó una idea antes de que se te ocurriera?
Es como el deja vú, parece que lo tenías, pero en realidad es del otro y te incluye.

8- ¿Qué se siente haber terminado un texto?
Con las novelas siempre alargo mucho más el tiempo para escribir el último capítulo. Disfruto del final, hacer el cierre del trabajo para pensar en la que sigue.

9- ¿Qué debe tener un buen texto?
Enganche de entrada  y que hasta el final no den ganas de dejar de leerlo. La música del texto es clave. Para oírla y ver si funciona me ayuda leer en voz alta.

10- ¿Cómo es el lector ideal?
No sé. Puedo decirte que tengo identificado a grupo de lectores y lectoras. Sus lecturas me interesan, presto mucha atención a lo que dicen.

11- Un buen escritor… ¿se expone sin tapujos? ¿O logra evadirse totalmente?
Depende de lo que quiere escribir. No hay encanutar nada, ni medir las consecuencias; tiendo a pensar en que no ayuda a la creación literaria, escribir textos en estado especulativo sobre los resultados en el universo que eso que escribís va a producir. Es un gasto de energía al pedo porque todo lo que hacés, modifica al universo.

12- ¿Qué cosa está sobrevalorada en la literatura?
Si con esta pregunta me hablas de la industria editorial, puedo decirte que, en cuanto a producción fabril de libros se refiere, siempre estoy atento a que no me asfixie ni enceguezca el humo de esas chimeneas.

13- Si llegaran los extraterrestres… ¿Qué libro les regalarías como muestra del genio humano?
Ninguno. No hace falta porque los extraterrestres leen los libros que hay en  tu mente.

14- ¿Qué diferencia hay entre tu primer libro, y el texto en el que estés trabajando ahora?
El primer libro fue iniciático con todo lo que eso trae en una primera producción literaria en cuento a descuidos, excesos de efectos y un plan de novela que, ahora, si tengo.

15- ¿Qué rostro tienen tus musas?
Lindos y espantosos en igual intensidad.

16- Al mejor estilo Frankenstein… armame un monstruo con partes de diferentes escritores.
Mi monstruo debe ser hermoso y lo veo con mucho de Laiseca, Philip K Dick, Poe, Salgari, Fogwill, Calvino y más.

17- Un libro que todos recomienden y que no te haya gustado.
Tengo la suerte de guiarme por buenos lectores, no la pifian en las recomendaciones.

18- ¿Cómo sería un mundo sin libros?
Es fácil de verlo en muchas partes de este mundo.

19- Funda una nueva religión. A quiénes se adoraría. Cómo serían los rituales.
Ni en mi más desorbitado nivel de locura me proyecto fundando una religión. Además no me resulta atractivo porque hay sobreoferta y, para entrar, habría que invertir mucho en publicidad o tener un precio regalado.
Mi único ritual sucede de 7 a 10 AM: yoga, mate y escribir…

20- ¿Qué título tendría tu biografía póstuma?
Estoy volviendo.



domingo, 13 de agosto de 2017

20 Preguntas a los que escriben - Macarena Moraña

Hoy el Blog le tiene a ganar en rating a Juego de Tronos.
Hoy con las 20 preguntas estandarizadas a los que escriben: Macarena Moraña, posiblemente la pluma más sensorial y musical de los últimos tiempos.
¡Infinitas gracias Maca por tu siempre buena disposición!


Macarena Moraña nació en 1977 en Buenos Aires. Coordina talleres de lectura y escritura y realiza columnas literarias tanto para radio —Radio Sur FM 88.3/Radio Madre AM530— como para medios gráficos. Publicó la novela Los escarabajos por editorial Alto Pogo, el libro de cuentos Indómitas, a través del ministerio de cultura, participó en la antología Taco Aguja y en dos novelas de la editorial Pelos de Punta. Algunos de sus cuentos fueron publicados en diversas revistas y diarios, entre ellos La Balandra, Hoy día Córdoba, El pequeño Jerónimo. Escribió los libros infantiles “El secreto de mi abuela Leonor” y “Cuando yo lo decida” para el proyecto Mundo Cronopio de España. Tiene dos hijas mágicas y un nuevo libro entre manos.Su sitio es:  maquimora.wixsite.com/textos



1- ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué hay primero? ¿Un lector que se transforma en escritor, o  un escritor que se transforma en lector?
El huevo. Nada. En mi caso, lo segundo.

2- Describime tu escritorio a la hora de sentarte a escribir un texto.
Es un caos tan inevitable como insoportable. Papeles y papeles con anotaciones, libros, uno o más cuadernos, el mate, un vaso siempre ya sin agua, caramelos de mentol, la computadora encendida, la imagen de mis brazos moviéndose para seguirle el ritmo a la mente.   

3- ¿Cuánto hay de tu pedacito de barrio en tu escritura?
Soy tanto una chica de barrio como una chica que escribe. Y moriré siendo las tres cosas: mi barrio, mi escritura, una chica.

4- Todos los escritores recomiendan tomar talleres. ¿Por qué hay que tomarlos?
Para ejercitar. Para cada tanto cumplir con las consignas. Para  quedarte mascullando ideas. Para sentir la impotencia de nunca llegar a ser tan lector como queres. Para leer. Para debatir con otros tus textos y los de ellos. Para tomar vino. Para llorar. Para leer a Barthes. 

5- ¿Cuál es el mejor consejo que te han dado como escritor?
Muchos, pero mencionaré uno que me dio Guillermo Saccomano: a veces hay que escribir diez páginas para quedarse con un párrafo decente. 

6- ¿La mayor alegría literaria que has tenido?
Los escarabajos, mi novela.

7- ¿Qué escritor te robé una idea antes de que se te ocurriera?
Si aun no se me había ocurrido es porque aun no era mía, pero de chica yo creía que el mundo era una gran pantomima que giraba alrededor de mí sin ninguna razón concreta. Todos los que me rodeaban eran actores. Pensaba que, por ejemplo, cuando me metía en el baño, mi madre descansaba de interpretar su papel de madre, mis hermanos del suyo, y así todos. Una especie de Truman Show sin pantalla.

8- ¿Qué se siente haber terminado un texto?
No sé, porque siempre siento que los textos son flexibles, que pueden modificarse a lo largo del tiempo. No obstante cuando llego a decir lo que quiero decir en una frase y pasado un tiempo vuelvo a leerla y la transcribo sin cambiarle nada, quedo cansada, sonriente, y esperando que todo vuelva a empezar. 

9- ¿Qué debe tener un buen texto?
Un buen texto es como una casa en la que vivís durante un tiempo, ya sea el tiempo de la lectura, el de la escritura o el de ambos, por tanto tiene que ser confortable, un lugar en el que no necesites nada más que lo que te ofrece. Pero no hablo de una confortabilidad equivalente al goce, se puede padecer un texto y aun así sentir que no queres salir hasta llegar al final. Un buen texto tiene que tener ese poder, el de abducirte por un rato. También creo que la belleza es una condición fundamental. 

10- ¿Cómo es el lector ideal?
No sé si hay un lector ideal, pero me gusta el lector que entra, que se mete, que se deja seducir, que es crédulo, que no le imprime moral a la lectura, que discute con el texto y sus personajes.   

11- Un buen escritor… ¿se expone sin tapujos? ¿O logra evadirse totalmente?
Me encanta la palabra tapujos. Si los tapujos fueran prendas de vestir, me las sacaría. Me encanta la osadía. También me gusta la evasión a la hora de escribir, sentarme a hacerlo y de golpe levantar la vista y ver que pasaron varias páginas y varias horas sin que me diera cuenta.

12- ¿Qué cosa está sobrevalorada en la literatura?
De un tiempo a esta parte se me hizo insoportable la palabra “cosa”. En ella puede entrar desde un gato, una mesa, un tema de Bon Jovi. Todo es una cosa, así que seria imposible cuantificar todo lo que está sobrevaluado. Puedo decirte que la moda de la llamada literatura del Yo me parece una corriente interesante y asqueante a la vez. Las redes sociales y la exposición han hecho estragos en ese sentido. Pareciera ser importante todo lo que nos pasa: lo que comemos, lo que opinamos sobre astrología, lo que soñamos. Es cierto que se puede hacer literatura con un pedazo de carne podrida, pero para que ese pedazo de carne podrida sea interesante, hay que tratarlo con una destreza que conlleva acaso mas esfuerzo que una buena historia que más o menos se cuenta por sí misma.  

13- Si llegaran los extraterrestres… ¿Qué libro les regalarías como muestra del genio humano?
La metamorfosis, de Kafka.

14- ¿Qué diferencia hay entre tu primer libro, y el texto en el que estés trabajando ahora?
Muchas. Mi primer libro lo escribí a los siete años y fue lo mejor que escribí y escribiré. 
Ahora trabajo en varios textos a la vez y me siento un poco mareada. Advierto mejorías y también vicios por los que tomaría cursos para poder abandonarlos.  Sigo abusando de las enumeraciones, hablo de la orfandad aun cuando me propongo lo contrario, y tarde o temprano me tengo que alejar de mis mejores personajes porque me enamoro de ellos. 

15- ¿Qué rostro tienen tus musas?
El de una señora maloliente que carga bolsas llenas de ¿ropa? El de un hombre sin dientes con los dedos negros de tierra. El de un nene chiquito que fuma y se ríe, el de una nena quemada, el de un hombre hermoso que toca el piano, el mio, de cuando era alguna de las tantas que fui y muchos más.

16-Al mejor estilo Frankenstein… armame un monstruo con partes de diferentes escritores.
La altura fantástica de Julio Cortázar, la sonrisa rural de Sara Gallardo, el cuerpo existencialista de Clarice Lispector, la mirada extraviada y poética de Alejandra Pizarnik, las piernas satánicas de Silvina Ocampo, el pelo enloquecido de Georges Perec, la precisión inverosímil de Jorge Luis Borges. 

17- Un libro que todos recomienden y que no te haya gustado.
No me gusta el tipo la prosa fragmentada ni el lenguaje de la biblia. 

18- ¿Cómo sería un mundo sin libros?
Un desperdicio.

19- Funda una nueva religión. A quiénes se adoraría. Cómo serían los rituales.
El mundo esta mal diseñado. Son los niños quienes deben dirigirlo y diseñar los juguetes. A ellos deberíamos adorar. Es inhumano que haya niños con hambre. Deberíamos vivir para alimentarlos y abastecerlos. Los rituales deberían estar compuestos de tardes de juegos, cuentos, meriendas, mascotas. Supongo que tarde o temprano se convertiría en una tiranía, pero una mucho más divertida e ingeniosa que todas las vividas hasta ahora por la humanidad.
  
20-¿Qué título tendría tu biografía póstuma?
Si es póstuma la escribirá otra persona, así que no sé, dependerá de quien lo haga. Yo quisiera que escribieran algo así como “la enamorada de la literatura” pero es tan cursi que mejor volvamos a la idea de que se encargue otro. 


sábado, 12 de agosto de 2017

¿Quién no pateó alguna vez un velador?

Hace poquito Facebook me recordó que se cumplía un aniversario un aniversario desde que este cuento saliera publicado en el sitio del taller al que concurría.
Surgió de la simple consigna de escribir a partir del título.


¿Quién no pateó alguna vez un velador?



—¿Quién no pateó alguna vez un velador? Porque patear la mesita de luz es posible: al bajarte de la cama el pie está más cerca y si todavía estás dormido… ¡Pum! Te terminás de despertar con ese fuego que te sube por el dedo chiquito hasta la rodilla. Pero hay que patear un velador… y aunque parezca raro es más común de lo que pensás. Y no es que el velador esté en el suelo cuando te levantás, ni que lo agarrés a patadas en un brote de furia, no, nada de eso, el velador está sobre la mesa de luz.

—¿En serio nuca pateaste un velador? Doler, duele igual que la pata de la mesa de luz, sólo que la mesa no se rompe y el velador sí.

—Mirá, mirá como tengo hinchado el dedito, ese me lo hice pelota hace tres días con el velador. El traumatólogo dice que es un esguince, que tome los antiinflamatorios y en una semana se me pasa. Hace seis meses pateé un velador por primera vez, uno lindo, uno de cerámica que me había regalado mi hermana cuando me compré la casa. Me había acostado y tuve un sueño lindo, no me acuerdo que soñé, pero sé que había sido lindo, y como era sábado no puse el despertador, o sea, que me levanté solo y a la hora que quise. Traté de remolonear un rato más, pero cuando me di vuelta noté que había algo raro en la cama, como si las sábanas estuvieran más livianas. Más tarde decidí levantarme y preparar unos mates, y cuando quise bajar de la cama… ¡Pum! Con el dedo chiquito hice mierda el velador. Después de putear en todas las lenguas posibles, incluido el arameo antiguo, me di cuenta de que el velador no estaba en el piso, mejor dicho, ahora sí estaba, pero cuando yo lo pateé estaba en la mesa de luz… lo que no andaba bien era yo, que estaba flotando a unos cincuenta centímetros del piso.

—Y… como asustarme no, pero sí me sorprendí. Después de experimentar esta levitación dando vueltas en la habitación, y no es que me desplazara nadando en el aire como sale en las películas, nada de eso, yo caminaba, sólo que en lugar de pisar el suelo, pisaba el aire. Como te decía, después de unas vueltas me fui a la cocina a preparar el mate. El problema fue que las cosas del mate las guardaba en la alacena de abajo, y por mucho que intentara no lograba descender para alcanzarlas, así que tuve que arreglármelas con la cafetera eléctrica que estaba sobre la mesada. Al segundo café ya había aterrizado.

—Pero mirá si seré pavote, que el próximo velador que compré era uno de bronce.

—Sí, ese que está ahí. Ese no se rompe, pero tu pie sí.

—¡No! Esa no fue la única vez, esa fue la primera, me pasa siempre, y aún así sigo pateándolo… Imaginate, tengo mecanizado que durante cuarenta años me levanté y pisé el piso, y desde hace un par de meses piso el aire, me acuesto pisando donde la gravedad me indica y me levanto flotando. Siempre a los veinte o veinticinco minutos ya aterrizo, el asunto es cuando tengo que salir apurado de casa. En auto no puedo ir, no llego a los pedales. Así que me tomo un taxi, los tipos ponen mala cara, pero me llevan sentado en el techo. Por eso te digo. ¿Quién no pateó alguna vez un velador?

—¿Ah no? ¿Y levantarte flotando?


domingo, 6 de agosto de 2017

20 Preguntas a los que escriben - Daniel Frini

Continúo con las 20 preguntas estandarizadas a escritores amigos. Hoy le toca a Daniel Friniun escritor super talentoso y además ¡tipazo! ¡Gracias Dani por tu buena disposición!


Daniel Frini nació en Berrotarán, Córdoba, Argentina en 1963 y vive en San Martín, Buenos Aires, Es Ingeniero Mecánico Electricista de profesión, escritor y artista plástico. Ha publicado en varias revistas virtuales y en papel, en blogs y en antologías de Argentina, España, México, Colombia, Chile, Perú; y, además, traducido y publicado en Italia, Portugal, Brasil, Francia, Estados Unidos, Canadá, Uzbekistán, Hungría y Grecia. Publicó “Poemas de Adriana” (Libros en Red, Buenos Aires, 2000), “Manual de autoayuda para fantasmas” (Editorial Micópolis, Lima, Perú, 2015) y “El Diluvio Universal y otros efectos especiales” (Eppursimuove Ediciones, Buenos Aires, 2016). Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio Internacional de Monólogo Teatral Hiperbreve para Niñas y Niños ‘Garzón Céspedes’ (2009, Madrid / México D. F.); el Premio ‘La Oveja Negra’ (2009, Buenos Aires, Argentina), el Premio ‘El Dinosaurio’ (2010, Colombia) y el Premio IX Certamen Internacional de Poesía (2011, España).



1- ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué hay primero? ¿Un lector que se transforma en escritor, o  un escritor que se transforma en lector?
Respecto del huevo o la gallina, no sabría decirle. No estuve allí cuando ocurrió el hecho. Quizá la Chiqui Legrand sepa algo, ¿por qué no le consulta?
Ahora, en el caso del lector/escritor o escritor/lector; no imagino escribir sin haber sido, antes, lector. Y no un simple lector: se debe haber sido un devorador de libros, revistas, diarios, etiquetas de champúes, desodorantes y envases de arroz; antes de ponerse a escribir. No imagino otra forma y no conozco, entre mis amigos escritores, alguien que no lo haya hecho así.

2- Describime tu escritorio a la hora de sentarte a escribir un texto.
Cambia, casi todos los días, de forma y lugar en la casa. Solía ser en el comedor, con la tele de fondo; o en la mesa de patio, en verano. Recién ahora (y desde no hace más de diez días) pude empezar a armar mi “taller”, en el cuarto que dejó libre mi hijo Alan, al irse a vivir con Marisol. El armado es lento, pero no hay apuro. Son las dos de la mañana, afuera hace 15 grados, pero yo tengo mi estufa, y estoy sentado en mi mesa, escribiendo en la notebook. Me acompaña George Harrison, cantando “I live for you”, en Spotify. Estoy en patas (hay alfombra), con el mate y el termo a un lado (hoy se me antoja dulce, como la mayoría de las veces). Sobre la mesa hay algunos de mis cuadros a medio pintar, unos pinceles y tintas chinas, acrílicos y óleos; mezclados con libros y originales viejos-viejos de poesías (¡En papel! ¡Escritas con birome!), que estoy reciclando para una futura edición. Ahora, Janis Joplin canta “To love somebody”. Buena versión.
3- ¿Cuánto hay de tu pedacito de barrio en tu escritura?
Me tocó en suerte dejar mi territorio de la infancia a los once; y, desde entonces, cambiar varias veces de barrio. Así que, para mí, “barrio” es, ante todo un concepto más que un lugar concreto. En este sentido, hay varios textos míos que transcurren en el barrio o lo usan para permitirme dibujar un personaje y anclarlo a un terreno conocido y querible. 
Por otra parte, en algún punto reniego, como escritor, de esa costumbre de referir una geografía específica de calles, que el lector —salvo que sea mi vecino— no va a reconocer y le va a molestar en su lectura.

4- Todos los escritores recomiendan tomar talleres. ¿Por qué hay que tomarlos?
Antes que nada, debo destacar que creo en la diferenciación entre técnica y arte. La técnica es bastante fácil de transmitir; pero el arte es otra cosa. Creo que, en general, los talleres literarios, aún los talleres creativos, se centran en enseñar la técnica. Yo no los tengo en especial estima, aunque tampoco milito en contra de ellos. He participado en talleres en los que he aprendido mucho, he ido a otros que han sido una verdadera pérdida de tiempo, e intervine en experiencias —talleres on-line, con estructuras muy diferentes a las de un taller convencional— que, para mí, funcionaron muy bien; aunque he encontrado mucho detractores. Lo que sí recomiendo es exponer los textos escritos a lectores/críticos/amigos, algo  así como un test screening de los que se hacen en cine. Y, por favor, leer un poquito sobre ortografía y gramática.
He dictado algunos talleres/seminarios; y allí pretendo direccionarlos hacia el otro camino, el del arte; mostrar otro punto de vista, señalar la magia de un texto, sin centrarme en las cuestiones técnicas. Es un intangible, algo difícil de definir y, por lo tanto, de transmitir. La forma más útil que he encontrado es generando interés en la lectura y el comentario de textos, por los que tengo especial cariño.

5- ¿Cuál es el mejor consejo que te han dado como escritor?
Abelardo Castillo me dijo, una vez (Si, dicho así parece importante, aunque no hago más que usar una de las tantas acepciones metafóricas de la construcción. Castillo lo escribió, yo lo leí; y en tal sentido se puede afirmar que me habló, aunque él nunca supo ni pretendió estar físicamente conmigo): 
“Lo que llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: ‘ahí está la ventana’ que ‘la ventana está ahí’. En un caso se privilegia el espacio; en el otro, el objeto. Toda la sintaxis es una concepción del mundo”; y puso en palabras algo que yo intuía, sin poder formular.
Me dijo otras cosas, que están en sus “Mínimas para escritores”. Algo parecido me pasó con Borges y con Quiroga.
Entre los que me hablaron sin metáforas, destaca Ricardo Giorno, después de leer un texto mío, algo flojo, dijo: “Me contaste la película. Ahora, mostrámela”. Estuvo bueno.

6- ¿La mayor alegría literaria que has tenido?
Entrar, cierto día, a la habitación de mi hijo Maxi; y ver, enmarcado y colgado en la pared, al primer borrador (más o menos del año ’85, ¡en papel! ¡escrito con birome!) de mi cuento “Éramos un millón de animalitos ciegos”.

7- ¿Qué escritor te robó una idea antes de que se te ocurriera?
En este sentido, he tenido muy mala suerte y he sido bastante anteplagiado. Puedo citar a Borges (gran ladrón), a Bradbury, a Cordwainer Smith, a James Tiptree Jr., a Dick (no le perdono que me haya sacado “El caso Rautavaara”), a Zelazny, a Silberberg, a Clark, a Le Guinn, a Levrero, a Gorodischer, a Giardinelli, a Shua, a…

8- ¿Qué se siente haber terminado un texto?
¿Se termina un texto alguna vez?
Creo que podés desprenderte de un texto, pero nunca darlo por terminado. 

9- ¿Qué debe tener un buen texto?
Ápalala. Ésta es difícil. Me gusta la sorpresa, la vuelta de tuerca inteligente. Supongo que debe tener buen ritmo (lo que no necesariamente implica velocidad), sobriedad en el uso de las palabras, cohesión, buenos cimientos, y una construcción impecable, aunque sea modesta. Pero no sé si todo eso garantiza algo. 
En lo particular, soy partidario de la acción. No. Es más correcto decir que me interesan a los textos amenos. No soy afecto a las largas descripciones ni a las construcciones psicológicas extensas, que fatigan. ¿Viste cuando leés una novela y te salteás diez o veinte renglones, y te dás cuenta que no perdiste el hilo? Bueno, de eso hablo. 

10- ¿Cómo es el lector ideal?
Partimos de muy abajo: mínimamente, debe comprender el texto. Después, podemos sumarle adjetivos: debe ser crítico, escéptico, curioso, abierto, imaginativo, lúdico, inteligente, activo. Debe estar dispuesto al asombro, tener algo de niño que busca dejarse sorprender. Debe tener cierto nivel de conocimientos generales. Debe interrogarse sobre lo que lee, y buscar él mismo las respuestas. Y, por sobre todo, amar los libros.

11- Un buen escritor… ¿se expone sin tapujos? ¿O logra evadirse totalmente?
Un escritor debe ser honesto, aun cuando escriba ficción y el contrato con el lector establezca que ambos saben que el autor está contando algo que no ocurrió (es decir, una mentira). Ahora, no creo que ninguno de estos extremos —exponerse o evadirse— condicione la honestidad como tal. Cada quien lo resolverá a su gusto. Baudelaire o Whitman se expusieron. De Salinger se sabe bastante poco después de “The catcher in the rye”. Pero todos ellos fueron honestos en su escritura.

12- ¿Qué cosa está sobrevalorada en la literatura?
El culto al mainstream. Hay cierta tendencia marketinera que soslaya la existencia de un conjunto bastante grande de autores extraordinarios que, por suerte, aparecen en redes o autoediciones sin que sea difícil encontrarlos. ¿Sabés?, suelo hacer una comparación entre la industria del libro y el fútbol: en éste último está muy viva la figura del cazatalentos, que recorre clubes de barrio o de pueblitos perdidos buscando la próxima joya. Vivo en Buenos Aires y asisto con frecuencia a charlas, seminarios, jornadas, encuentros, cafés literarios, recitales de lecturas y demás (en especial, de dos temas que me interesan: ciencia ficción y microrrelatos) y jamás, nunca, vi a un representante de alguna editorial con cierto renombre, ni actuando a la manera de un cazatalentos ni con ninguna otra excusa. Creo que si asistiesen, se llevarían más de una sorpresa y verían para dónde va, realmente, la literatura.

13- Si llegaran los extraterrestres… ¿Qué libro les regalarías como muestra del genio humano?
¿Tiene que ser uno? Creo que El Quijote, La Divina Comedia, el Romance de los Tres Reinos de Luo Guanzhong, y alguna de las obras de Shakespeare. Seguro, algo de Borges y, si tienen lugar, Las intermitencias de la muerte, de Saramago.
Y, mirá. Se me ocurre, ahora, un libro que, hasta donde sé, no está escrito: una antología de poesía mundial, de todas las épocas; que contenga desde la Epopeya de Gilgamesh y las canciones de Ugarit hasta poemas de Bukowski y Kōichi Iijima.

14- ¿Qué diferencia hay entre tu primer libro, y el texto en el que estés trabajando ahora?
¡Uf! ¡Un universo! Hago la comparación entre mis primeros escritos y los últimos. Digamos que me daba ínfulas de escritor consagrado y suponía que haber leído Sobre héroes y tumbas y la Historia universal de la infamia bastaban para considerarse un profesional. Por suerte, en aquella época no publiqué ningún libro; y el primero salió unos treinta años después, dándome cierto margen para la corrección y hacerlos medianamente dignos.

15- ¿Qué rostro tienen tus musas?
El de mi esposa, Adriana. 

16- Al mejor estilo Frankenstein… armame un monstruo con partes de diferentes escritores.
La magia de García Márquez, la sorpresa brutal de Martin McDonagh, la gracia dramática de Mauricio Kartum, la simplicidad de María Elena Walsh, la imaginación desbordante de Cordwainer Smith, el dominio del idioma de Julio Cortázar, el lenguaje de barrio de poetas como Daniel Salzano o Adrián Abonizio,  la manera de transmitir sentimientos de Casciari, la opresión de Kafka, el terror de Lovecraft, los mundos de Borges, las descripciones de Forn, la soledad de Kawabata, el desgarro de Alejandra Pizarnik, el sufrimiento de Paul Celan y la inmensidad de Proust.

17- Un libro que todos recomienden y que no te haya gustado.
El Ulisses de Joyce. Nunca pude pasar de la cuarta página.

18- ¿Cómo sería un mundo sin libros?
No lo imagino. Es decir, pudiera no haber libros; pero, de seguro, habría narradores a la manera de los guslares búlgaros, por ejemplo; o los graeculi romanos. O videos, o algún tipo de multimedia. O quizá hubiésemos evolucionado en alguna forma de inteligencia colectiva, donde todos estuviésemos comunicados en un cerebro comunitario, depositario de todas las historias. 
Un libro (en papel o digital, da lo mismo) es la manera más extraordinaria de comunicación dentro de una especie eminentemente social, como la nuestra. La oralidad permite comunicarnos con nuestros contemporáneos, pero un libro permite que podamos, ahora, escuchar lo que tenía para contarnos un hombre de hace 100, 500 o 3000 años.

19- Funda una nueva religión. A quiénes se adoraría. Cómo serían los rituales.
Ajá. Interesante coincidencia. Casualmente, estoy trabajando en una nouvelle de ciencia ficción, en tono humorístico, en la que tiene un papel preponderante una nueva religión, que armé desde cero. Te leo las aclaraciones, a modo de notas al pie, que están en un capítulo de la obra, que se llama “Las verdades de la fe” y anda dando vueltas en Internet: 
La Religión Somorguja (por extensión, a los practicantes se los conoce como somorgujos, también llamados somores) es un sistema de dogmas y prácticas asociadas al mito de la «Vieja Tierra», la creencia en la existencia real de un planeta madre de la humanidad. Usan como talismán una botellita o frasquito de vidrio sostenido por un collar, que en su interior y según profesan, contiene tierra de la Tierra. Se identifican entre ellos con una señal en la que (colocando los dedos índice y medio de la mano derecha extendidos y juntos, mientras el pulgar sostiene o aprisiona los dedos anular y menor) con los dos dedos mayores se tocan la mejilla izquierda. Una vieja tradición según la cual recuerdan el lunar con forma de hongo que tenía en esa mejilla un respetado patriarca de la antigüedad y maestro del somorgujismo conocido como Yetento Tizaleni. 
Varias de sus enseñanzas chocan abiertamente con el sistema de leyes impuesto por el Supremo Benefactor, Dictador Amigable y Presidente Eterno, el Teniente General Brigadier Mayor Lakutshm Ilanga ―con quien se inició la Benévola Dictadura de Este Lado de la Galaxia—, hace trece mil quinientos años.
Basan sus enseñanzas en un libro que llaman El Texto (también conocido como Libro del Texto) y que es una colección de lecturas que sirve de base a la liturgia somorguja. Está compuesto por varios libros independientes: «La senda del perdedor, según San Bukowsky», «La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada, según San Márquez», «Manual de Taller del Sistema Eléctrico de la Excavadora Caterpillar 345B», «El Código Vinci, según San Brown», «La Tautología Darwinista según San Vallejo», «Harry Potter y las reliquias de la muerte, según San Rowling», «Anuario Hustler 1997 / 1998», «Ciudad de San Luis contra Minetto, Sixto Claudio sobre estafas reiteradas», «Los records Guinnes 2002», «Predicciones del Horóscopo Chino para el año 2004», «Malignant B-Cell Lymphoma  in  patient with  primary  Sjgren  sindrome, según San Varga y San Kiss». El primer libro, comúnmente llamado «Así Empezó Todo» lleva por título original «Manual de Instalación de la Prensa Neumática ‘El Galeón’ JR200 con PLC»

20- ¿Qué título tendría tu biografía póstuma?
Miralo vos al finado. Es lo que solía decir mi abuelo cuando, para el día de los muertos y en familia, se visitaba el cementerio. Después de dejar unas flores y hacer un rato de compañía a los queridos, se imponía una vuelta para ver las “tumbas nuevas”; todas de aquel tipo que exhibía una fotito ovoide y sepia del fallecido. Mi abuelo me llevaba de la mano; y, de tanto en tanto, se encontraba con un muerto conocido. Con cierta sorpresa, y siempre en voz baja, por respeto al silencio, me decía, por ejemplo “Miralo vos al finado Fernández”. Es una frase nostalgiosa para mí, abarcativa y extraña: relaciona de manera directa mi infancia —el comienzo—y la muerte.