martes, 20 de febrero de 2018

Claudita, la novia del Cadena

En junio de 2017 fuí convocado por Sergio Gaut vel Hartman para participar en la antología TODO EL MUNDO EN UN LIBRO. La misma reuniría a escritores de todo el planeta y los relatos no debían exceder las 300 palabras. Días atrás publicaron la selección de los cuentos seleccionados y el mío no había quedado (¡Cebollitas sub-campeón! ¡Cebollitas sub-campeón!). Igual, un placer enorme de haber podido mostrar lo que hago en un concurso donde participaron bocha de escritores que admiro, como el propio vel Hartman, Dani Frini -amigo personal-, o María Rosa Lojo. Muestro el texto escrito para la convocatoria. 

Claudita, la novia del Cadena

 

Me habían dicho que la mina más linda del baile era una tal Claudita, y que para colmo de bienes era encaradora. Pero tenía de novio —o ex que no terminaba de aceptar la ruptura— al Cadena Giménez, el capo de la barrabrava de Defensores. Contaban que el tipo se había encargado de mandar al hospital a todos y cada uno de los que se le habían arrimado a la Claudita. Incluso un primo mío había perdido dos dientes sólo porque al Cadena se le ocurrió que le había mirado el culo a la novia.

Cuando pensaba en qué buena suerte la mía, porque me había sacado a bailar la morocha más linda del mundo, un amigo se acercó y me comentó que esa que se movía sensual y pegadita a mí no era otra que la Claudita. Aterrorizado, pensando en las palabras que diría mi epitafio, corrí a esconderme al baño y no salí hasta que me avisaron que en el boliche no quedaba nadie. Al llegar a la esquina me lo crucé al Cadena Giménez que me estaba esperando, y apenas me reconoció empezó a golpearme con una llave inglesa.

Mi nombre pasó a integrar su lista de hospitalizados. Como autógrafo me dejó varios puntos en la cara y un brazo roto en cuatro. No le guardo rencor, ahora que la conocía pensaba que era fácil perder la cabeza por una mujer así, y creo que yo también habría hecho lo mismo con alguien que se hubiera encerrado toda la noche en el baño del boliche a hacer las cosas que hicimos con la Claudita.


Comparto una nota que me hicieron para la revista literaria Tren Insomne. Mil gracias Sole Hessel por la oportunidad. Pasen por la revista, que además de encontrar notas a gente mucho más interesante que yo, van a encontrar un cuento que escribí especialmente para la revista.... (y que recién cargaré en el blog el mes que viene.... sólo pa' joder)

EL VAGÓN DEL ESCRITOR

Se sube al tren: Juanci Laborda



¿Cuándo y por qué comenzaste escribir?
¡Uf! Supongo que fue un proceso que sucedió casi sin que me diera cuenta.
Tuve un tío abuelo, Dardo Neftalí Torres, que fue un escritor muy reconocido en mi provincia. De él es un título clásico de mis pagos "Mateo y el último michilingüe". Apenas aprendí a escribir hice un cuento titulado "Juanci y el último comechingón", donde como un dúo de superhéroes atravesábamos a flechazos a medio San Luis, y con especial saña a los pibes del colegio que me caían mal.
El secundario fue vital. Tuve una adolescencia súper hormonal, y a través de poemas re dark que jamás mostré a nadie encontraba la forma de acomodar las emociones. Una vez en la hora de Lengua la profe nos dio un respiro con el análisis sintáctico y nos propuso escribir un cuento para participar en un concurso intercolegial. Mi curso tenía algo especial. Obtuvimos los tres primeros premios. Mi cuento salió segundo. Ese fue un mimo,
Los primero años de universidad continué escribiendo de forma irregular, sobre todo guiones para cortos, comics y algunas canciones para la guitarra. Pero fue tras una ruptura amorosa, que le escribí un libro enteró a mi ex, donde a través de fabulas medias dolinezcas, le hacía todo tipo de reclamos. Por suerte, los flacos que alquilaban conmigo, aunque me felicitaron por mi escritura, impidieron que me humillara enviando ese libro. Creo que ese fue el click: que ellos me felicitaran. Aunque sabía de su afectuosa parcialidad para conmigo, los tenía como lectores criteriosos y su felicitación fue como si me indicaran "este es el camino".
Desde entonces adquirí regularidad con la escritura, tomé cursos de redacción, talleres y otras yerbas. Lo demás supongo que se dio como todo en la vida, fue golpear la puerta correcta.

¿De qué se nutre tu escritura?
Me gusta el relato realista. Supongo que se nutre de experiencias cotidianas.
Me considero más lector que escritor. Realmente me siento a escribir después de mucho buscar y no encontrar una historia que me haga vivirla. Por ejemplo, leyendo La música del azar de Paul Auster, a mitad del libro los protagonistas pierden todo su dinero en una partida de póker. Cuando pasó eso me agarró una bronca terrible. De sólo recordarlo me dan ganas de patear la mesa. No me importó que quienes lo hubieran leído antes me pidieran paciencia, que a partir de ahí el libro se ponía mejor. ¡Paul Auster no me podía traicionar así! ¡justo a mí! ¡qué tan identificado me sentía con su personaje!. Tiré el libro al carajo, y me senté a escribir qué hubiera hecho yo en lugar de Nashe. ¡Obvio! Mi relato duró apenas dos páginas más, pero me sentí reivindicado. Supongo que de eso se trata el relato realista. De "reivindicar". Como la vida no me va a alcanzar para vivirla de todas las formas que me gustaría, al menos me desquito escribiendo.

¿Tenés rituales a la hora de ponerte escribir?
Depende qué esté por escribir. Si es narrativa, no empiezo a escribir sin saber hasta dónde quiero llegar, o sea que me siento con la historia lista en mi cabeza, en el proceso de escritura, obvio, me puedo desviar. Para sentarme a escribir necesito muy poco: un ambiente con poca contaminación sonora o visual, un cuaderno y una lapicera. Me cuesta horrores escribir en digital. La hiperconectividad es una posibilidad infinita de dispersión. Se le puede agregar mate amargo o algo de música instrumental.
Si es lírica, anotó lo que me sale en el momento que me sale en lo primero que tengo a mano, que casi siempre es el teléfono celular. Después puedo tomarme la vida entera para pulirlo, o no. No sé por qué, pero casi todos mis intentos de poemas están escritos arriba del colectivo.

¿Hay algún tema que aún no te animaste a enfrentar con tu escritura?
Creo que de los temas que me interesan, he escrito sobre todos. Hay temas que me re interesan y estoy esperando la visita de alguna buena idea para sacarlos, como por ejemplo todos los nuevos vínculos que pueden generarse a través de las nuevas tecnologías, desde los amantes 2.0, la forma en que las fake new terminan moldeando la realidad y creando círculos de fanáticos, o las cyber-inquisiciones del pensamiento políticamente correcto.
Sí te puedo decir que hay temas sobre los que no volvería a escribir. Por ejemplo policial. Amo el género policial, pero él me odia. Otro, es el tipo de relato donde deje entrever alguna valoración propia sobre la realidad argentina o internacional. Obvio, no hace mucho fui joven y pensé que me las sabía todas, y que mi valoración del mundo era universal. Después la vida, con cinturón negro, me enseñó que la misión del escritor no es iluminar al mundo, sino entretenerlo... pa' iluminar está el farol de la plaza.

Te doy una bola de cristal para ver el futuro, ¿cómo te ves?
Supongo que igual que hoy. Con más títulos publicados, ojalá que con algún premio, y una editorial independiente ya funcionando.
De algo estoy seguro, al menos en mis pagos, se me recordará mas como divulgador de narrativa, que como escritor.

Hoy ¿por qué escribís?
¡Ja! Mucho escritores suelen responder a esa pregunta con "porque no puedo evitarlo". Yo sí puedo evitarlo, pero no quiero. Escribir me divierte, me hace feliz...
No me interesa la trascendencia de una obra. El que canta en la ducha, por más que sepa que lo hace bien, no canta para tener la guita de Bono o las fans de los Back Street Boys —a mí me encantaría tener ese público, je—, sino porque le gusta cantar. A mí me gusta escribir. Escribiría igual, aunque se extinguieran los lectores.






domingo, 18 de febrero de 2018

Una remera rockera (fragmento)

Muestro un poquito de un poema medio largón en el que vengo trabajando desde hace algunos meses.



Una remera rockera


(...)

Señor político
por favor continúe
con ese discurso tan progre
tan bonito
tan arenga de masas
que yo me esforzaré por olvidar
que nunca trabajó de otra cosa
que de parásito del pueblo
y miraré para otro lado
cuando en cámara salga luciendo
ese costosísimo traje francés
hecho con algodón
recogido por un niño famélico del Chaco
porque en los 90s
tuve una remera rockera
con un pelado estampado
qué decía:
el lujo es vulgaridad…
frase que
como su discurso
me conquistó.


jueves, 25 de enero de 2018

El susurro del plomo

Otro texto que surgió de un ejercicio de taller, con resultados aceptables. Había que anotar los párrafos iniciales de diferente textos que a uno le hubieran gustado, y luego continuarlos y resignificarlos. Escogí "Otra muerte del arte" de Fogwill, "El país de la últimas cosas" de Paúl Auster, y "El especto de Alexander Wolf" de Gaito Gazdánov. Muestro el texto que surgió de éste último.


El susurro del plomo


Nada influyó tanto en mi vida como la única muerte que cometí y cuyo recuerdo ha ido dejando su regusto amargo en todos mis días.
Gaito Gazdánov - El espectro de Alexander Wolf


   El revólver estaba tirado junto al cordón de la vereda. Los peatones pasaban junto a él y lo ignoraban como si fuera el envoltorio metalizado de un alfajor. Lo levanté y miré alrededor esperando que alguien lo reclamará. Nada. La gente continuaba su recorrido sin detenerse a pensar en el tipo que frente a ellos sostenía a la muerte. Era pesado. Lo sujetaba como un niño a un arma de juguete apuntándole a los peatones que pasaban por la vereda de enfrente. No sé si lo premedité, si pensé que apretando el gatillo liberaría a la enemiga de la vida, o si el cadete que pasaba en bicicleta tenía algo que me llamara la atención, algo que inconscientemente lo diferenciará del resto de la humanidad y me hiciera despreciarlo… pero le disparé.
   Algunas cosas que las películas de cowboys no cuentan. Uno: La contrafuerza que hace el arma que se dispara es mucha, y si no se sujeta bien ésta puede zafarse de la mano, caer al piso, y escurrirse por una rejilla mal cerrada de la vereda. Dos: El estruendo del disparo se asemeja demasiado al grito de silencio de un maestro a sus alumnos, y prepara el oído para apreciar el detalle del sonido del hueso rompiéndose, de la gelatinosa masa encefálica hundiéndose y reventando, y de las arterias explotando y a ritmo discontinuo dejando escapar la sangre. Poder notar esos sonidos que hace el cuerpo humano cuando la vida se escapa es una experiencia fascinante.
   Nadie se giró para verme, y recién notaron al tipo muerto cuando su cuerpo estropeó el paso vehicular.
   El asesinato pasó desapercibido por los medios más importantes, apenas un periódico de circulación gratuita le dedicó un recuadro mencionando el incidente.
   Durante el primer mes esperé paranoico a que la Policía, luego de que alguien dijera haberme visto, derribara mi puerta a patadas y me llevara. Pero nada pasó.
Con poco esfuerzo supe cómo se llamaba el pobre diablo, y no pude contener las ganas de visitarlo en su descanso final. Los nichos de su familia quedaban en la zona más pobre del cementerio. Había junto a su tumba unas flores frescas. Supuse que se las habría dejado su anciana madre o una novia con el corazón destrozado. No sé por qué, pero sentí ganas de orinarlas. Y lo hice.
   Al poco tiempo me anoté en el Tiro Federal y tomé clases. Cada vez que oprimía el gatillo revivía el momento glorioso en que la bala había salido de entre mis manos para quitarle la vida al pobre cadete. De sólo recordarlo me subía un fuego interno, sólo comparable con el de un orgasmo, que pedía con ansias quitar otra vida.
Luego de algunos chequeos médicos y psicológicos obtuve la licencia para la portación, y mi instructor, que tenía contactos en el Renar, me consiguió un 38 a buen precio.
   Desde entonces no hay un día que salga de casa sin llevarlo encima. Me gusta sentarme en las plazas y apuntarles con él a los niños que juegan en las hamacas. Me cuesta mucho resistirme al impulso de oprimir el gatillo. De momento todavía puedo considerarme humano, porque puedo superponerme a esa voz que me incita a disparar, pero no sé por cuánto tiempo más.

   Hoy en el diario leí que mataron a un intendente del Sur. Su esposa, en un brote de celos, le disparó con una escopeta en el medio del pecho. El único detenido fue su instructor de tiro.


lunes, 15 de enero de 2018

Una sombra ya pronto serás

Arrancamos el año con un cuento propio. Tal como como dice el tango (Caminito), o el título de Soriano, este cuento se llama Una sombra ya pronto serás. Aunque es una idea que estaba flotando en la cabeza, salió con un ejercicio de taller. Pocas veces quedó contento con los textos que salen de ejercicios, éste es uno de esos casos. Se nota (aunque está bien camuflada) la influencia gogolesca.

Una sombra ya pronto serás


    Abrí y no había nadie. Maldije y pegué un portazo. Todavía resonaba el eco en los pasillos cuando volvieron a golpear. Me asomé y tampoco vi a quien llamaba. Sin embargo, en el suelo, al pié de la alfombra que reza Bienvenido vi que había una sombra de mujer, pero en el pasillo no se veía a su portadora. Mientras trataba de recordar algún concepto que en el colegio me hubiera enseñado el profesor de Física y Química sobre la proyección de la luz, la sombra me hizo una seña indicándome un sobre tirado en un rincón. Lo abrí, y en prolija letra manuscrita leí: Soy la sombra de tu próximo amor. Me adelanté un rato. ¿Puedo pasar? Me pregunté qué clase de mujer sería mi próximo amor que golpeaba la puerta de un hombre desconocido y le pedía pasar. Volví a mirar la forma de la sombra, si acaso no estaba muy distorsionada, su dueña sería una mujer con un cuerpo muy bonito, de esa clase de mujeres que generalmente pasaban de mí. Pero si acaso se trataba de un engaño o una rara confusión, una sombra —que al fin y al cabo es apenas la ausencia de luz— no podría hacerme ningún mal. Le dejé entrar.
     
    La sombra no ocupaba mucho espacio. No comía, no hacía ruido, y convivir con ella el primer tiempo resultó sencillo. Tan sólo me pedía que mantuviera las cortinas todo el tiempo cerradas, ya que la excesiva claridad la ausentaba largos ratos.

    Con el tiempo desarrolló un lenguaje particular de señas que me permitía entenderla a la perfección.

    Primero sugirió un cambio en el orden de los muebles, detalle que no me molestó en absoluto. Confiaba en su buen gusto femenino para la decoración. Luego pidió que descolgara mis pósters de Maradona. Discutimos y, como no podía ser de otra forma, terminé cediendo ante la extorción de su llanto. Pronto pidió que una o dos veces al mes saliéramos a cenar a restaurantes caros, restaurantes oscuros y con mesas alumbradas con velas.  Pedíamos dos platos pero, obvio, sólo consumíamos uno. En las salidas al cine ella se sentía particularmente cómoda, la oscuridad de las salas le sentaba muy bien. Nos costaba ponernos de acuerdo con los  títulos, ella amaba las comedias románticas, y yo las de artes marciales. Al tiempo de convivir empezó a administrar mi dinero. La verdad es que rendía mucho más que antes, aunque debo admitir que ella no representaba ningún gasto. Así pude cambiar rápido el auto. Empezó a insistir en alquilar un departamento más grande para cuando tuviéramos hijos.

    Como toda pareja tuvimos crisis. Yo le recriminaba que todavía no había llegado su parte corpórea, y que tenía necesidades físicas que una sombra no podía cumplir. Pero la mayor crisis fue cuando revisando mi celular, encontró una conversación en la que le coqueteaba a una compañera de oficina y en la que le decía que estaba soltero desde hacía largo tiempo. A raíz de eso, y aunque ella no dormía y  sólo por conservar las formas de una pareja normal, estuve semanas durmiendo en el sillón del living.


     Pasaron años desde que llegó. Ya estoy viejo, y me estoy apagando. La vida junto a ella ha sido extraña, muy parecida a una vida feliz. Me gustaría conocer, antes de cerrar los ojos, qué forma tenía esa mujer que nunca llegó. A veces me la imagino como esta enfermera, ésta que me está cambiando el suero y que extrañamente, aunque proyecta sombra, no hace ruido al caminar.



lunes, 11 de diciembre de 2017

El último atardecer en la isla

Pa' retomar el hábito de escribir, con una amiga estamos trabajando algunas consignas que vienen en el libro de ejercicios de Felipe Montes.
La consigna trabajada era: Noche a noche, algunas personas han desaparecido del
pueblo.
Esto es lo que me salió:


El último atardecer en la isla


¿Y si hubieras muerto acaso?
¿Peleando
o creyendo,
¿O intentando escaleras para atrapar las
espaldas del cielo?
Miguel Abuelo - Buen día, día




La isla de Sheol flotaba solitaria en medio del Atlántico Sur. Un día luego de un naufragio llegó a nado el primero de sus hombres. Eso fue hace mucho tiempo. Poco a poco la isla comenzó a poblarse. Primero fueron algunos cientos de personas, luego miles, y desde hacía más de un siglo que ya nadie se molestaba en contabilizar a sus cientos de millones de almas.
La isla no tenía ningún atractivo ni riqueza, salvo estar ubicada en el medio de dos mundos.
La densidad de su población era tal que se decía que los rayos del sol no alcanzaban a tocar el suelo. Ayudaba a ese rumor que sus pobladores tuvieran mayoritariamente un tono pálido, y en algunos casos un tanto verdoso, en la piel.
La isla estaba terriblemente contaminada. Los barcos que le pasaban cerca comentaban que desde una decena de kilómetros antes se percibían sus aromas fétidos.

La primera señal de qué sucedería algo fue un insomnio generalizado que afectó a sus habitantes. De un día para el otro todos en la isla dejaron de conciliar el sueño. Simplemente pasaban sus días y sus noches con los ojos abiertos sin pensar en nada.
La segunda señal fue un atardecer.  Desde la costa el sol se hundió en el mar lejano, dándole al cielo una tonalidad anaranjada nunca antes vista. Esa tarde todos los habitantes de Sheol sonrieron al horizonte. Durante las próximas semanas los isleños tuvieron un semblante feliz en el rostro.
Pero el  tercer y contundente aviso fue cuando llegaron noticias de una nueva y definitiva Guerra Mundial.  Durante los siguientes meses ciudadanos de todo el planeta llegaban a la isla en todo tipo de embarcaciones buscando refugio. Ante la falta de espacio para albergar a tanta gente, Sheol casi duplicó su superficie por la cantidad de navíos amarrados a sus costas.

Pasó un tiempo así hasta que las primeras personas, refugiados e isleños, empezaron a desaparecer. Nadie se extrañó, incluso celebraban el escaso espacio que ganaban. Lento y a ritmo constante Sheol se fue vaciando, hasta quedar tan deshabitada como en los primeros tiempos.
Cuando le llegó el turno al último de sus habitantes, que también había sido el primero de los hombres en la isla, éste apagó la luz y esperó a que el horizonte lo disolviera.
Es que la muerte nunca se había tratado de separar el alma del cuerpo, para que ésta se marchara a un lugar mejor. Los que ya no tenían vida debían esperar con sus cuerpos gastados en algún lugar inhóspito a que las puertas del cielo prometido se abrieran.
El mundo se había terminado, y ahora sí: la isla podría tener por fin su lugar en las cartografías de un mundo extinto.




domingo, 3 de diciembre de 2017

20 Preguntas a los que escriben - Gabriela Luzzi

Hoy me saco un gusto que hacía rato quería darme.
Hoy acoso con mi cuestionario estandarizado (y a punta de pistola) a Gabriela Luzzi.
Además de habernos convidado de poemas y relatos fabulosos, en sus respuestas tira un par de ideas super interesantes que nos dejan tirando cortes de zanella.
Mil Gracias Gabi por la buena onda, tus respuestas y tu tiempo!


GABRIELA LUZZI nació en Rawson, provincia de Chubut, en 1974. Actualmente vive en Buenos Aires. Publicó Garfunkel  (Eloísa Cartonera, 2014), Liebre (Vox, 2015), Warnes (Eloísa Cartonera, 2016) y El resto de los seres vivos (Conejos, 2016). Sus poemas integran las antologías 9, Textos intrusos (2012), Vivan los putos (Eloísa Cartonera, 2013) y 53/70. Poesía argentina del siglo XXI (Editorial Municipal de Rosario, 2015). Su libro de cuentos La reina de los duraznitos fue una de las obras destacadas del III Concurso de Narrativa Eugenio Cambaceres (2012) para autores noveles. Es editora del sello Paisanita y trabaja junto al colectivo de editoriales que forman La Coop. Fue la coordinadora de los tabloides de poesía que se repartieron el 8M, Paro Internacional de Mujeres de 2017, donde escritores nacionales y latinoamericanas se pronunciaban en contra de la violencia de género.
Foto: Daniel Mordzinski

1- ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué hay primero? ¿Un lector que se transforma en escritor, o  un escritor que se transforma en lector?
Supongo que cada persona se conecta con la lectura y la escritura a su manera, pero todo parte del deseo de hacerlo, que no se bien cómo nace. Con el tiempo, algunas historias pueden volverse significativas. 
Julián, un poeta de Córdoba, me contó una vez que, desde que tenía 10 años, la madre los mandaba a él y al hermano a pasar las vacaciones con el tío en Playa Unión. Viajaban con un cartelito colgado al cuello que decía “niños que viajan solos”. La primera vez, el tío los fue a buscar a la terminal y antes de llegar a la casa, pasaron a comprar dos platos, dos juegos de cubiertos y dos vasos. Los llevaba todos los días a la playa, pero para poder salir primero tenían que leer el capítulo de un libro.

2- Describime tu escritorio a la hora de sentarte a escribir un texto.
Escribo en la mesa de la cocina cuando los demás duermen, porque ya se acostaron o porque todavía no se levantaron. Es una mesa de madera que hizo un carpintero de nombre Mirko. Tiene un mantel de tela.  En la cocina se da una variación de la luz y de los sonidos que vienen del pulmón del edificio y hace que sea el lugar que más me gusta.

3- ¿Cuánto hay de tu pedacito de barrio en tu escritura?
Me mudé muchísimas veces y vivo en una metrópolis, más bien esos pedacitos que aparecen serían el intento de quedarme en algunos barrios donde viven o vivieron personas que amo.

4- Todos los escritores recomiendan tomar talleres. ¿Por qué hay que tomarlos?
Porque existe la posibilidad de no tomarlos y la mayoría de la población decide no ir. Y para no estar tan solos.

5- ¿Cuál es el mejor consejo que te han dado como escritor?
Que cierre los ojos y preste atención a las imágenes que aparecen, que empiece a seguir alguna, que sea generosa para contarlo, que no espere nada a cambio (Levrero, Oyola, Ocampo, Sommers, Bermani).

6- ¿La mayor alegría literaria que has tenido?
La mayor alegría es la lectura, y la relectura.

7- ¿Qué escritor te robó una idea antes de que se te ocurriera?
Lamentablemente ninguno, como dice un poema de Laura Wittner: “Todas las ideas que se me ocurren/ no sólo se le ocurrieron a alguien antes:/ también fueron llevadas al cine”.

8- ¿Qué se siente haber terminado un texto?
Que hay que volver a la esclavitud del mundo, lo cual acepto, porque en otro momento quizás pueda volver a escribir, aunque no se sabe.

9- ¿Qué debe tener un buen texto?
Algo raro, algo imperfecto, música propia.

10- ¿Cómo es el lector ideal?
De alguna manera leer es divertido en los momentos más incómodos de la vida. 

11- Un buen escritor… ¿se expone sin tapujos? ¿O logra evadirse totalmente?
¿Las dos cosas al mismo tiempo?, o, más bien,  para exponer algo en la entrelínea de la escritura tal vez haya que evadirse de miles de condicionamientos.

12- ¿Qué cosa está sobrevalorada en la literatura?
Habría que ver en cada caso.  Todxs podemos tener momentos de debilidad, y después ver que nada es tan importante. 

13- Si llegaran los extraterrestres… ¿Qué libro les regalarías como muestra del genio humano?
Les regalaría todos los libros, editados y no, que formarían una obra inmensa y despareja, abierta a los textos por venir.

14- ¿Qué diferencia hay entre tu primer libro, y el texto en el que estés trabajando ahora?
Además del tiempo que pasó, el primer libro ya está escrito, este hecho hace que por momentos sienta que es tan absurdo y malo que tendría que dejar de escribir para siempre, y en otros, que por la misma razón tal vez no esté tan mal. Con el texto que estoy escribiendo ahora me pasa algo parecido.

15- ¿Qué rostro tienen tus musas?
Tienen forma de caballos, mariposas, fantasmas, puercoespines y hojas de diarios.

16- Al mejor estilo Frankenstein… armame un monstruo con partes de diferentes escritores.
Un actor sin memoria es un cuchillo sin filo”. Fernanda García Lao, La piel dura, el cuenco de plata, 2011.
Capaz me ato a un cohete para llegar al cielo”. Ariel Bermani, Furgón, Paisanita, 2014. 
Ser poeta es/ lo que más amo en el mundo/ y ojalá todos amaran/ lo que son en el mundo”. Sebastián Goyeneche, flores el intento, Nulú Bonsai, 2015.

17- Un libro que todos recomienden y que no te haya gustado.
La nieta del Señor Linh, de Philippe Claudel. Lo leí hasta el final y me enojé mucho.

18- ¿Cómo sería un mundo sin libros?
Ojalá en algún momento no haya libros porque todxs podemos acceder desde otros dispositivos a los textos.

19- Funda una nueva religión. A quiénes se adoraría. Cómo serían los rituales.
Preferiría no hacerlo.

20- ¿Qué título tendría tu biografía póstuma?
Mientras estoy viva me gustaría dejar arreglada mi cremación, para no ocasionar mayores problemas a los demás. Por otra parte postergo día a día pagar mi cremación como si tuviera la vida asegurada. Pienso que la cremación tendría que estar asegurada de forma gratuita para todos los habitantes. 

Bonus Track- ¿Qué pusiste la primera vez que dedicaste un libro?
Algo que seguramente me copié de otro lado.